lunes, 5 de julio de 2010

Resonancia Mórfica e Inconsciente Colectivo por Jung (steven pinker alude en tabla rasa)

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Mente, memoria y arquetipo

Autor: Rupert Sheldrake

Traducción: Vanessa M. Servant
Resonancia Mórfica e Inconsciente Colectivo

En este artículo discutiré el concepto de memoria colectiva como base para comprender el concepto junguiano de inconsciente colectivo. El inconsciente colectivo sólo cobra sentido en el contexto de alguna noción de memoria colectiva. Esto nos lleva a un examen de largo alcance sobre la naturaleza y el principio de la memoria, no sólo en los seres humanos, o en el reino animal, ni siquiera sólo en el ámbito de la vida, sino en el universo como un todo. Una perspectiva tan abarcadora es parte de un cambio de paradigma muy profundo que está aconteciendo en la ciencia: el cambio de una visión mecanicista del mundo a una evolucionista y holística.

Rupert Sheldrake Esta visión cartesiana y mecanicista es, en muchos sentidos, el paradigma predominante todavía hoy en día, especialmente en biología y medicina. El noventa por ciento de los biólogos estaría orgulloso de declararse biólogos mecanicistas. Aunque la física ha ido más allá de la visión mecanicista, gran parte de nuestro pensamiento sobre la realidad física está todavía moldeada por ella, incluso en aquellos de nosotros a los que nos gustaría creer que hemos ido más allá de este marco de pensamiento. Por consiguiente examinaré brevemente algunos de los supuestos fundamentales de la visión mecanicista del mundo a fin de mostrar cómo sigue profundamente arraigada en la forma de pensar de la mayoría de nosotros.

LAS RAÍCES MECANICISTAS EN EL MISTICISMO NEOPLATÓNICO

Es interesante observar que las raíces de la visión mecanicista del mundo del siglo XVII pueden remontarse a la religión mística de la antigüedad. La visión mecanicista fue de hecho una síntesis de dos tradiciones de pensamiento, ambas basadas en la intuición mística de que la realidad es atemporal e inmutable. Una de estas tradiciones proviene de Pitágoras y Platón, quienes estaban fascinados por las verdades eternas de las matemáticas. En el siglo XVII, esto evolucionó a una visión de la naturaleza como estando gobernada por ideas eternas, proporciones, principios o leyes que existían dentro de la mente de Dios. Dicha visión del mundo acabó por hacerse dominante y, gracias a filósofos y científicos tales como Copérnico, Kepler, Descartes, Galileo y Newton, fue incorporada a las bases de la física moderna.

Básicamente, expresaban la idea de que los números, las proporciones, las ecuaciones y los principios matemáticos son más reales que el mundo físico que experimentamos. Incluso hoy, muchos matemáticos se inclinan hacia este tipo de misticismo pitagórico o platónico. Piensan en el mundo físico como una cosificación de los principios matemáticos, como un reflejo de las leyes eternas numéricas y matemáticas. Esta visión es extraña al pensamiento de la mayoría de nosotros, quienes tomamos al mundo físico como el mundo “real” y a las ecuaciones matemáticas como una descripción artificial, y posiblemente inexacta, de ese mundo “real”. No obstante, esta visión mística ha evolucionado hasta el actual y predominante punto de vista científico de que la naturaleza está gobernada por leyes eternas, inalterables, inmutables y omnipresentes. Las leyes de la naturaleza son siempre y en todo lugar.
RAÍCES MATERIALISTAS EN EL ATOMISMO

La segunda de las visiones de inmutabilidad que emergió en el siglo VXII proviene de la tradición atomista del materialismo, la cual trató una cuestión que estaba ya profundamente arraigada en el pensamiento griego, a saber, el concepto de realidad inmutable. Parménides, un filósofo presocrático, tuvo la idea de que sólo el ser es; el no-ser no es. Si algo es, no puede cambiar porque, a fin de cambiar, debería combinar ser y no-ser, lo cual era imposible. Por lo tanto, concluyó que la realidad era una esfera homogénea e inmutable. Por desgracia para Parménides, el mundo que experimentamos no es homogéneo, inmutable o esférico. A fin de hacer prevalecer su teoría, Parménides sostuvo que el mundo que experimentamos es una ilusión. Esta no era una solución muy satisfactoria, y los pensadores de la época intentaron hallar un modo de resolver este dilema.

La solución de los atomistas fue afirmar que la realidad consiste en un gran número de esferas (o partículas) homogéneas e inmutables: los átomos. En lugar de una gran esfera inmutable, hay muchas esferas pequeñas e inmutables moviéndose en el vacío. Las apariencias cambiantes del mundo pudieron entonces ser explicadas en términos de los movimientos, permutaciones y combinaciones de los átomos. Esta es la intuición original del materialismo: que la realidad consistía en materia atómica eterna y en el movimiento de esta materia.

Finalmente, la combinación de esta tradición materialista con la tradición platónica dio origen a la filosofía mecánica que emergió en el siglo XVII, y produjo un dualismo cósmico que ha estado entre nosotros desde entonces. Por una parte tenemos átomos eternos de materia inerte; por otra, leyes no-materiales e inmutables que son antes bien ideas que cosas físicas y materiales. En este tipo de dualismo, ambas partes son inmutables; una creencia que no sugiere inmediatamente la idea de un universo en evolución. De hecho, los físicos han sido muy reacios a aceptar la idea de evolución precisamente porque encaja muy pobremente con la noción de materia eterna y leyes inmutables. En la física moderna, la materia es vista ahora como una forma de energía; la energía eterna ha remplazado a la materia eterna, pero poco más ha cambiado.
LA EMERGENCIA DEL PARADIGMA EVOLUCIONISTA

No obstante, el paradigma evolucionista ha ido ganando terreno continuamente durante los últimos dos siglos. En el siglo XVIII, los desarrollos social, artístico y científico se veían generalmente como un proceso progresivo y evolutivo. La revolución industrial hizo de este punto de vista una realidad económica en parte de Europa y América. A principios del siglo XIX había varias filosofías evolucionistas y, para la década de 1840, la teoría evolucionista del marxismo había sido publicada. En este contexto teórico de evolucionismo social y cultural, Darwin propuso su teoría biológica de la evolución, la cual amplió la visión evolucionista a toda la vida. Sin embargo esta visión no se extendía al universo entero. Irónicamente, Darwin y los neodarwinistas intentaron encajar la evolución de la vida sobre la tierra dentro de un universo estático, o lo que era peor, un universo que en realidad se pensaba que estaba decayendo termodinámicamente y dirigiéndose hacia una “muerte térmica”.

Todo cambió en 1966 cuando los físicos aceptaron finalmente una cosmología evolucionista en la que el universo ya no era eterno. En lugar de eso, el universo se originó en un Big Bang [Gran Explosión] alrededor de 15 billones de años atrás y ha estado evolucionando desde entonces. Así que ahora tenemos una física evolucionista. Pero tenemos que recordar que esta física tiene sólo alrededor de 20 años de antigüedad, y que las implicaciones y consecuencias del descubrimiento del Big Bang no se conocen completamente todavía.

La propia física está apenas empezando a adaptarse a esta nueva visión, la cual, como hemos visto, desafía el supuesto más fundamental de la física desde los tiempos de Pitágoras: la idea de leyes eternas. Tan pronto como tenemos un universo en evolución nos enfrentamos con la cuestión de: ¿qué pasa con las leyes eternas de la naturaleza? ¿Dónde estaban dichas leyes antes del Big Bang? Si las leyes de la naturaleza existían antes del Big Bang, entonces está claro que no son físicas; de hecho, son metafísicas. Esto pone al descubierto la suposición metafísica que subyace a la idea de leyes eternas a lo largo del tiempo.
¿LEYES DE LA NATURALEZA, O SIMPLEMENTE HÁBITOS?

Existe sin embargo una alternativa: la de que el universo es más como un organismo que como una máquina. El Big Bang recuerda las historias míticas de la incubación del huevo cósmico: crece y, según crece, sufre una diferenciación interna que es más parecida a la de un gigantesco embrión cósmico que a una enorme máquina de una teoría mecanicista. A partir de esta alternativa orgánica, podría tener sentido pensar en las leyes de la naturaleza como si fueran más bien hábitos. Quizás las leyes de la naturaleza son hábitos del universo, y quizás el universo posee una memoria incorporada.

Hace unos 100 años, el filósofo americano C.S. Pierce dijo que si nos tomáramos la evolución seriamente, si pensáramos que el universo entero evoluciona, entonces deberíamos pensar en las leyes de la naturaleza como de algún modo asemejables a hábitos. Esta idea era en realidad bastante corriente, especialmente en América. Fue expuesta por William James y otros filósofos americanos, y debatida bastante profusamente a finales de este último siglo. En Alemania, Nietzsche fue lo suficientemente lejos como para sugerir que las leyes de la naturaleza sufrían la selección natural: Quizás había muchas leyes naturales al principio, pero sólo sobrevivieron las que se revelaron exitosas. Por tanto, el universo que vemos posee leyes que han evolucionado mediante selección natural.

Los biólogos también pasaron a interpretar los fenómenos en términos de hábito. El más interesante de tales teóricos fue el escritor inglés Samuel Butler, cuyos libros más importantes sobre este tema fueron Life and Habit [Vida y Hábito] (1878) y Unconscious Memory [Memoria Inconsciente] (1881). Butler sostuvo que la totalidad de la vida implicaba una memoria inconsciente inherente a la misma. Los hábitos, los instintos de los animales, la forma en que se desarrollan los embriones, todo reflejaba un principio básico de memoria inherente a la vida. Incluso propuso que debe haber una memoria inherente a átomos, moléculas, y cristales. Hubo, pues, un período al final del último siglo en el que la biología fue vista en términos evolutivos. Es sólo desde 1920 que el pensamiento mecanicista ha llegado a predominar sobre el pensamiento biológico.
¿CÓMO SURGE LA FORMA?

La hipótesis de causación formativa, que es la base de mi trabajo, parte del problema de la forma biológica. Dentro de la biología ha existido un prolongado debate sobre la forma en la que los embriones y organismos se desarrollan. ¿Cómo crecen las plantas a partir de las semillas? ¿Cómo se desarrollan embriones a partir de huevos fertilizados? Por supuesto esto es un problema sólo para los biólogos, no para los embriones y los árboles, los cuales ¡simplemente lo hacen! Sin embargo, los biólogos encuentran difícil hallar una explicación causal para la forma. En física, en cierto sentido, la causa es igual al efecto. La cantidad de energía, de materia y de momentum [impulso] antes de un cambio dado es igual a la cantidad posterior. La causa está contenida en el efecto y el efecto en la causa. Sin embargo, cuando consideramos el crecimiento de un roble a partir de una bellota, no parece haber de ninguna manera obvia una equivalencia de causa y efecto.

En el siglo XVII, la teoría mecanicista principal de la embriología era simplemente que el roble estaba contenido en la bellota. Dentro de cada bellota había un roble en miniatura que se inflaba según el roble crecía. Esta teoría era aceptaba de manera bastante amplia, y era la más consistente con el enfoque mecanicista, tal y como entonces se comprendía. Sin embargo, como los críticos señalaron rápidamente, si el roble se infla y él mismo produce bellotas, entonces el roble inflable debe contener bellotas inflables que contienen robles inflables, y así ad infinitum.

Si, por otra parte, más forma provenía de menos forma (cuyo nombre técnico es “epigénesis”), entonces ¿de dónde proviene la menos forma? ¿Cómo aparecían las estructuras que no estaban ahí anteriormente? Ni platónicos ni aristotélicos tenían ningún problema con esta cuestión. Los platónicos decían que la forma proviene del arquetipo platónico: si hay un roble, entonces hay una forma arquetípica de un roble, y todos los robles reales son simplemente reflejos de este arquetipo. Como este arquetipo está más allá del espacio y el tiempo, no hay necesidad de incorporarlo a la forma física de la bellota. Los aristotélicos, por su parte, sostenían que todas las especies tienen su propio tipo de alma, y el alma es la forma del cuerpo. El cuerpo está en el alma, no el alma en el cuerpo. El alma es la forma del cuerpo, está alrededor del cuerpo y contiene el objetivo de desarrollarse (lo cual formalmente se denomina “entelequia”). Un alma de roble contiene al eventual roble.
¿ES EL ADN UN PROGRAMA GENÉTICO?

No obstante, una visión mecanicista del mundo niega el animismo en todas sus formas. Niega la existencia del alma y la de de cualesquiera principios organizativos no-materiales. Por consiguiente, los mecanicistas deben poseer algún tipo de preformacionismo. A finales del siglo XIX, la teoría del biólogo alemán August Weissman sobre el plasma germinal reavivó la idea del preformacionismo; La teoría de Weissman establecía “determinantes”, que supuestamente hacían crecer al organismo dentro del embrión. Este es el antecesor de la actual idea de programación genética, la cual constituye otro resurgimiento del preformacionismo bajo un disfraz moderno.

Como veremos, este modelo no funciona demasiado bien. Se supone que el programa genético es idéntico al ADN, el compuesto químico genético. La información genética está codificada en el ADN y este código forma el programa genético. Pero un salto tal requiere proyectar sobre el ADN propiedades que realmente no posee. Sabemos lo que hace el ADN: codifica las proteínas; codifica la secuencia de aminoácidos que forman las proteínas. No obstante, existe una gran diferencia entre codificar la estructura de una proteína –un constituyente químico del organismo– y programar el desarrollo de un organismo entero. Es la diferencia entre fabricar ladrillos y construir una casa con esos ladrillos. Necesitas los ladrillos para construir la casa. Si tienes ladrillos defectuosos, la casa será defectuosa. Pero el plano de la casa no está contenido en los ladrillos, o en el mallado de alambre, o en las vigas, o el cemento.

Análogamente, el ADN sólo codifica los materiales a partir de los cuales el cuerpo es construido: las enzimas, las proteínas estructurales, etcétera. No hay evidencia de que también codifique el plano, la forma, la morfología del cuerpo. Para ver esto más claramente, piense en sus brazos y piernas. La forma de los brazos y las piernas es diferente; es obvio que tienen una forma diferente entre sí. Sin embargo, los compuestos químicos de los brazos y las piernas son idénticos. Los músculos son los mismos, las células nerviosas son las mismas, las células de la piel son las mismas, y el ADN es el mismo en todas las células de los brazos y de las piernas. De hecho, el ADN es el mismo en todas las células del cuerpo. Sólo el ADN no puede explicar la diferencia de forma; se necesita algo más para explicar la forma.

En la biología mecanicista actual, se suele asumir que esto depende de lo que se llama “patrones complejos de interacción físico-química no comprendidos plenamente todavía.” Así, la teoría mecanicista actual no constituye una explicación sino meramente la promesa de una explicación. Es lo que Sir Karl Popper ha llamado un “mecanismo promisorio”; implica emitir pagares para futuras explicaciones que todavía no existen. Como tal, no es realmente un argumento objetivo; es meramente una declaración de fe.
¿QUÉ SON LOS CAMPOS MÓRFICOS?

La cuestión del desarrollo biológico, de la morfogénesis, está actualmente bastante abierta y es tema de mucho debate dentro de la propia biología. Una alternativa al enfoque mecanicista/reduccionista, que ha estado dando vueltas desde el 1920 es la idea de campos morfogenéticos (moduladores de forma). En este modelo, los organismos que crecen están modulados por campos que están tanto dentro como alrededor de ellos, campos que contienen, como si se dijera, la forma del organismo. Esto se encuentra más próximo a la tradición aristotélica que a cualquiera de los otros enfoques tradicionales. Según va desarrollándose un roble, la bellota está asociada con un campo de roble, una estructura organizadora invisible que organiza el desarrollo del roble; es como un molde del roble, dentro del cual crece el organismo que se desarrolla.

Un hecho que conduce al desarrollo de esta teoría es la notable habilidad que poseen los organismos para reparar los daños. Si cortas un árbol en pequeños pedazos, cada pedacito, tratado convenientemente, puede crecer como un nuevo árbol. De modo que a partir de un diminuto fragmento, puedes obtener una totalidad. Las máquinas no hacen eso; no tienen este poder de permanecer íntegras si retiras partes de ellas. Pica un ordenador en pedacitos y todo lo que obtienes es un ordenador roto. No se regenera en la forma de montones de pequeños ordenadores. Pero si cortas un gusano platelminto en pedacitos, cada pedazo puede crecer como un nuevo platelminto.

Otra analogía es la del imán. Si partes un imán en pedacitos, obtienes montones de pequeños imanes, cada uno con su campo magnético completo. Esta es una propiedad holística que poseen los campos y que no tienen los sistemas mecánicos, a no ser que estén asociados a campos. Otro ejemplo más todavía es el holograma, cualquier parte del cual contiene la totalidad. Un holograma está basado en patrones de interferencia en el interior de campos electromagnéticos. Los campos tienen así una propiedad holística que resultaba muy atractiva para los biólogos que desarrollaron este concepto de campos morfogenéticos.

Cada especie tiene sus propios campos, y en el interior de cada organismo existen campos dentro de campos. Dentro de cada uno de nosotros está el campo de todo el cuerpo; campos para los brazos y piernas y campos para los riñones e hígados; en el interior hay campos para los diferentes tejidos dentro de estos órganos, y después campos para las células, y campos para las estructuras subcelulares, y campos para las moléculas, etcétera. Existe una serie entera de campos dentro de campos. La esencia de esta hipótesis que estoy proponiendo es que estos campos, que están ya aceptados bastante ampliamente dentro de la biología, poseen una especie de memoria inherente que se deriva de formas previas de un tipo similar. El campo del hígado está modulado por las formas de hígados anteriores y el campo del roble por las formas y organización de robles anteriores. A través de estos robles, mediante un proceso llamado “resonancia mórfica”, la influencia de lo similar sobre lo similar, existe una conexión entre campos similares. Esto significa que la estructura de campos tiene una memoria acumulativa, basada en lo que le ha ocurrido a la especie en el pasado. Esta idea se aplica no solo a los organismos vivos sino también a moléculas proteicas, cristales e incluso a átomos. En el reino de los cristales, por ejemplo, la teoría diría que la forma que adopta un cristal depende de su campo mórfico característico.

“Campo mórfico” es un término más amplio que incluye los campos tanto de forma como de comportamiento. De aquí en adelante, usaré la palabra “campo mórfico” en lugar de “morfogenético”.
QUÍMICOS BARBUDOS e ITINERANTES

Si sintetizas un nuevo compuesto y lo cristalizas, la primera vez no existirá un campo mórfico para él. Por lo tanto, puede ser muy difícil que cristalice; tendrás que esperar a que emerja un campo mórfico. Sin embargo, la segunda vez, incluso si lo sintetizas en alguna otra parte del mundo, habrá una influencia por parte de la primera cristalización, de modo que debería cristalizar un poco más fácilmente. La tercera vez habrá una influencia de las primera y segunda, y así sucesivamente. Debido a la influencia acumulativa de los cristales previos, cuanto más frecuentemente sea cristalizado dicho compuesto, debería resultar cada vez más fácil cristalizarlo. Y, de hecho, esto es exactamente lo que ocurre. Los químicos de síntesis observan que los nuevos compuestos son generalmente muy difíciles de cristalizar. Pero según avanza el tiempo, generalmente se consiguen cristalizar con mayor facilidad en todo el mundo. La explicación convencional es que esto ocurre porque fragmentos de cristales previos [que actuarían como nuevos núcleos de cristalización] son trasportados de laboratorio en laboratorio en las barbas de químicos itinerantes. Y cuando no ha habido ningún químico itinerante, se asume entonces que los fragmentos flotan en la atmósfera como microscópicas partículas de polvo.

Quizá los químicos itinerantes transportan efectivamente fragmentos sobre sus barbas y quizá partículas de polvo pululan de hecho por la atmósfera. Sin embargo, si uno mide en diferentes partes del mundo el ritmo de cristalización bajo rigurosas condiciones de control y en recipientes sellados, todavía debería observar un ritmo acelerado de cristalización. Este experimento aún no ha sido realizado. Pero un experimento relacionado con los ritmos de las reacciones químicas de nuevos procesos de síntesis está siendo considerado en el presente por una gran compañía química en Gran Bretaña. Y es que, si estas cosas ocurren, sus consecuencias para la industria química son harto importantes.
UNA NUEVA CIENCIA DE LA VIDA

Existe un gran número de experimentos que pueden realizarse en el campo de la forma biológica y el desarrollo de la forma. En consecuencia, se aplican los mismos principios al comportamiento, las formas de comportamiento y los patrones de comportamiento. Considérese la hipótesis de que si se entrenan ratas para que aprendan un nuevo truco en Santa Bárbara, entonces ratas a todo lo largo y ancho y del mundo deberían ser capaces de aprender a hacer el mismo truco más rápidamente, simplemente porque las ratas de Santa Bárbara lo han aprendido. Este nuevo patrón de aprendizaje estará, como si dijéramos, en la memoria colectiva de las ratas, en el campo mórfico de las ratas, con el que otras ratas pueden sintonizar por resonancia mórfica, simplemente porque son ratas y porque están en circunstancias similares. Puede parecer poco probable, pero este tipo de cosas ocurre o no ocurre.

Entre el vasto número de artículos sobre la psicología de las ratas que hayamos en los archivos de experimentos, hay cierto número de ejemplos experimentales en los cuales los investigadores han monitorizado de hecho ritmos de aprendizaje a lo largo del tiempo y han descubierto misteriosos incrementos. En mi libro Una Nueva Ciencia de la Vida [A New Science of Life], describo una serie tal de experimentos, que se extendió por un período de 50 años. Un experimento empezado en Harvard y luego continuado en Escocia y Australia, demostró que las ratas incrementaron su ritmo de aprendizaje más de diez veces. Se trata de un fenómeno enorme, no de algún resultado marginal estadísticamente significativo. Este ritmo mejorado de aprendizaje ocurrió en situaciones de aprendizaje idénticas, en estas tres localizaciones separadas y en todas las ratas de la misma raza, no sólo en ratas descendientes de padres entrenados.

Existen otros ejemplos de difusión espontánea de nuevos hábitos en animales y aves, que proporcionan al menos evidencia circunstancial de la teoría de resonancia mórfica. El mejor documentado de éstos lo constituye el comportamiento de los herrerillos azules, un pequeño pájaro de cabeza azulada común en toda Gran Bretaña. Todavía hoy se reparte leche fresca de puerta en puerta cada mañana en Gran Bretaña. Hasta alrededor del año 1950, los tapones de las botellas de leche se hacían de cartón. En 1921, en Southampton, se observó un extraño fenómeno. Cuando la gente salía por la mañana a recoger sus botellas de leche, encontraba pequeños trozos de cartulina todo en rededor de la base de la botella, y que la crema de la parte superior de la botella había desaparecido. Una observación más estrecha reveló que esto era causado por los herrerillos azules, los cuales se sentaban sobre la boca de la botella, extraían la cartulina con sus picos, y después bebían la crema. ¡Incluso se dieron varios casos trágicos en los que herrerillos azules fueron descubiertos ahogados con la cabeza en la leche!

Este incidente produjo un considerable interés. El hecho apareció entonces en otro lugar de Gran Bretaña, a cerca de 50 millas de distancia; y después en algún otro lugar a 100 millas de distancia. Fuere cuando fuere que comenzara el fenómeno de los herrerillos azules, empezó a extenderse localmente, presumiblemente por imitación. Sin embargo, los herrerillos azules son criaturas muy hogareñas, y normalmente no viajan más de cuatro o cinco millas. Por lo tanto, la diseminación del comportamiento a lo largo de grandes distancias sólo podía explicarse en términos de un descubrimiento independiente del hábito.

El hábito del herrerillo azul fue cartografiado a lo largo y ancho de Gran Bretaña hasta 1947. Para entonces se había vuelto más o menos universal. Las personas que realizaron el estudio llegaron a la conclusión de que debió ser “inventado” de manera independiente por lo menos 50 veces. Aún más, el ritmo de extensión del hábito se aceleró con el paso del tiempo. En otros lugares de Europa donde las botellas de leche son repartidas al pie de las escaleras de las casas, tales como Escandinavia y Holanda, el hábito también afloró durante los años 1930, extendiéndose de una manera similar. He aquí un modelo de comportamiento que se extendió de un modo tal que parecía acelerarse con el tiempo, y que podría proporcionar un ejemplo de resonancia mórfica.

Pero existe una evidencia aún más fuerte de la resonancia mórfica. Debido a la ocupación alemana de Holanda, el reparto de leche cesó durante 1939-40. Los repartos no se reanudaron hasta 1948. Como los herrerillos azules suelen vivir sólo dos o tres años, probablemente no quedaban herrerillos azules vivos en 1948 que habían vivido en la época en que la leche fue repartida por última vez. Sin embargo, en cuanto se retomó el reparto de leche en 1948, la apertura de botellas de leche por los herrerillos azules surgió rápidamente en lugares bastante separados de Holanda, extendiéndose de manera extremadamente rápida hasta que, en uno o dos años, era una vez más universal. Tal comportamiento se difundió con mucha más rapidez, y surgió independientemente con una frecuencia mucho mayor, la segunda vez que la primera. Este ejemplo prueba la propagación evolutiva de un nuevo hábito que probablemente no es genética sino que depende más bien de una especie de memoria colectiva debida a la resonancia mórfica.

Lo que estoy sugiriendo es que la herencia no depende sólo del ADN, el cual permite a los organismos construir los bloques constructivos químicos –las proteínas–, sino también de la resonancia mórfica. La herencia tiene así dos aspectos: uno, una herencia genética que da cuenta de la herencia de las proteínas mediante el control de la síntesis proteica por parte del ADN; el segundo, una forma de herencia basada en los campos mórficos y la resonancia mórfica, que es no-genética y que se hereda directamente de los miembros pasados de la especie. Este último mecanismo de herencia está relacionado con la organización de forma y comportamiento.
LA ALEGORÍA DEL APARATO DE TELEVISIÓN

Las diferencias y conexiones entre estas dos formas de herencia se vuelven más fáciles de comprender si consideramos la analogía de la televisión. Piensa en las imágenes de la pantalla como la forma, objeto de nuestro interés. Si no supieras cómo surgió la forma [las imágenes], la explicación más obvia sería que dentro del aparato había personitas cuyas sombras estabas viendo proyectadas en la pantalla. Los niños piensan a menudo de esta manera. Si apartas la tapa del aparato, y miras dentro, encuentras que allí no hay personitas. Después podrías ser más sutil y especular con que las personitas son microscópicas y están de hecho dentro de los cables del aparato de TV. Pero si miras los cables a través de un microscopio, tampoco allí puedes encontrar ninguna personita.

Podrías volverte todavía más sutil y proponer que las personas diminutas de la pantalla surgen de hecho a través de una “compleja interacción entre partes del aparato que no se comprenden completamente todavía”. Podrías pensar que esta teoría sería probada si cortaras unos pocos transistores del aparato. La gente desaparecería. Si repusieras los transistores, volverían a aparecer. Esto podría proporcionar evidencia convincente de que las imágenes surgen de dentro del aparato, y enteramente sobre la base de una interacción interna.

Supón que alguien sugiriera que las imágenes de las personitas vienen del exterior del aparato, y que el aparato toma las imágenes como resultado de vibraciones invisibles a las que el aparato está sintonizado. Esto sonaría probablemente como una explicación muy oculta y mística. Podrías negar que nada llega al interior del aparato. Podrías incluso “probarlo”•pesando el aparato apagado y encendido; pesaría lo mismo. Por lo tanto, podrías concluir que nada está entrando al aparato.

Creo que ésta es la posición de la biología moderna, que intenta explicar todo en términos de lo que ocurre en el interior. Cuanto más explicaciones para la forma se buscan en el interior, tanto más elusivas prueban ser dichas explicaciones, y tanto más se adscriben a interacciones incluso más sutiles y complejas, lo cual siempre elude toda investigación. Tal y como estoy sugiriendo, las formas y patrones de comportamiento son de hecho sintonizadas dentro por conexiones invisibles que surgen fuera del organismo. El desarrollo de la forma es un resultado de tanto la organización interna del organismo y la interacción de los campos mórficos a los que está sintonizado.

Las mutaciones genéticas pueden afectar a este desarrollo. Piénsese de nuevo en el aparato de TV. Si mutamos un transistor o un condensador dentro del aparato, puedes obtener imágenes o sonidos distorsionados. Pero esto no prueba que las imágenes y el sonido estén programados por estos componentes. Ni tampoco prueba que estén programadas por los genes, si encontramos que hay alteraciones de forma y comportamiento como resultado de una mutación genética la forma y el comportamiento.

Existe otro tipo de mutación que es particularmente interesante. Imagina una mutación en el circuito de sintonización de tu aparato, tal que altera la frecuencia de resonancia del circuito de sintonización. El sintonizar tu TV depende de un fenómeno de resonancia: el sintonizador resuena a la misma frecuencia que la de la señal transmitida por las diferentes estaciones. Así los diales de sintonización se miden en hertzios, que es una medida de frecuencia. Imagina una mutación en el sistema de sintonización de manera tal que sintonizas un canal y en realidad aparece otro. Podrías rastrear la causa hasta llegar a un solo condensador o una sola resistencia que habría sufrido una mutación. Pero no sería válido concluir de ahí que los nuevos programas que estás viendo, las diferentes personas, las diferentes películas y anuncios, están programados dentro del componente que ha cambiado. Ni prueba tampoco que la forma y el comportamiento estén programados en el ADN cuando las mutaciones genéticas conducen a cambios en la forma y el comportamiento. El supuesto habitual es que si puedes ver que algo se altera como resultado de una mutación, entonces eso debe estar programado por, o controlado por, o determinado por, un gene. Espero que esta analogía de la TV deje claro que ésta no es la única conclusión. Podría ocurrir que estuviera afectando al sistema de sintonización.
UNA NUEVA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN

Se está realizando un trabajo ingente en la investigación biológica contemporánea sobre dichas mutaciones “de sintonización” (formalmente llamadas “mutaciones homeóticas”). El animal más usado en tales investigaciones es la Drosophila, la mosca de la fruta. Se ha encontrado que todo un rango de mutaciones produce varias monstruosidades. Un tipo de éstas, llamado “antennapedia”, lleva a que las antenas se transformen en patas. Las desafortunadas moscas, que contienen sólo un gen alterado, producen patas que crecen hacia fuera de sus cabezas en lugar de antenas. Existe otra mutación que lleva al segundo o tercer par de patas de la Drosophila a transformarse en antenas. Normalmente las moscas tienen un par de alas y, en el segmento posterior a éstas hay unos pequeños órganos equilibradores llamados “cabestros”. Otra mutación conduce a que el segmento que normalmente porta los cabestros se transforme en un duplicado del primer segmento, de manera que estas moscas tienen cuatro alas en lugar de dos. Se les llama “mutantes bitorácicas”.

Todas estas mutaciones dependen de genes individuales. Propongo que estas mutaciones de los genes individuales alteran de algún modo la sintonización de una parte del tejido embrionario, de tal forma que sintonizan con un campo mórfico diferente del que normalmente sintonizarían, surgiendo así un conjunto diferente de estructuras; justo como sintonizar un canal diferente de TV.

A partir de estas analogías, uno puede ver cómo tanto la genética como la resonancia mórfica están involucrados en la herencia. Por supuesto, una nueva teoría de la herencia conduce a una nueva teoría de la evolución. Al día presente, la teoría evolucionista está basada en el supuesto de que virtualmente toda herencia es genética. La sociobiología y el neodarwinismo en todas sus variantes se basan en la selección genética, la frecuencia genética, etcétera. La teoría de la resonancia mórfica conduce a una visión mucho más amplia que permite una vez más tomar seriamente una de las grandes herejías de la biología, a saber, la idea de la herencia de características adquiridas. Los comportamientos que aprenden los organismos, o las formas que desarrollan, pueden ser heredados por otros, incluso si no descienden de los organismos originales, por resonancia mórfica.
UN NUEVO CONCEPTO DE MEMORIA

Cuando consideramos la memoria, esta hipótesis conduce a una aproximación muy diferente de la tradicional. El concepto clave de resonancia mórfica es que cosas similares influyen sobre cosas similares a través del espacio y el tiempo. El grado de influencia depende del grado de similitud. La mayoría de los organismos son más similares a ellos mismos en el pasado de lo que lo son a cualquier otro organismo. Yo soy más similar a mí mismo hace cinco minutos que lo que lo soy a ti; todos nosotros somos más como nosotros en el pasado que cualquier otro. Lo mismo es cierto para cualquier otro organismo. Esta auto-resonancia con los estados pasados de un mismo organismo en el ámbito de la forma ayuda a estabilizar los campos morfogenéticos, a estabilizar la forma del organismo, incluso aunque los constituyentes químicos de las células estén funcionando y cambiando. Los patrones habituales de comportamiento también son sintonizados por el proceso de auto-resonancia. Si comienzo montando en bicicleta, por ejemplo, el patrón de actividad de mi sistema nervioso y mis músculos, en respuesta a mantener el equilibrio sobre la bicicleta, me sintoniza inmediatamente por similitud a todas las ocasiones previas en las que he montado en bicicleta. Esta experiencia de montar en bicicleta se da por resonancia mórfica acumulativa con todas esas ocasiones pasadas. No es una memoria verbal o intelectual; es una memoria corporal de montar en bicicleta.

Esto también se aplicaría a mi memoria de hechos reales: lo que hice ayer en Los Ángeles o el año pasado en Inglaterra. Cuando pienso en estos sucesos particulares, estoy sintonizando con las ocasiones en las que estos sucesos ocurrieron. Existe una conexión causal directa a través del proceso de sintonización. Si esta hipótesis es correcta, no es necesario asumir que los recuerdos están almacenados en el cerebro.
EL MISTERIO DE LA MENTE

Todos nosotros hemos crecido con la idea de que los recuerdos están almacenados en el cerebro. Usamos la palabra “cerebro” de manera intercambiable con “mente” o “memoria”. Estoy sugiriendo que el cerebro es más como un sistema de sintonización que un dispositivo de almacenamiento de memoria. Uno de los argumentos principales para la localización de la memoria en el cerebro es el hecho de que ciertos tipos de daño cerebral pueden conducir a una pérdida de memoria. Si el cerebro es dañado en un accidente de coche y alguien pierde la memoria, entonces la suposición obvia es que el tejido de la memoria ha debido ser destruido. Pero esto no es necesariamente así.

Considérese de nuevo la analogía de la TV. Si dañara tu aparato de TV para que fueras incapaz de recibir ciertos canales, o si hiciera enmudecer al aparato de TV mediante la destrucción de la parte relacionada con la producción de sonido a fin de que todavía pudieras recibir imágenes pero no sonido, esto no probaría que el sonido o las imágenes estaban almacenadas dentro del aparato de TV. Meramente demostraría que yo había afectado el sistema de sintonización para que tú no pudieras ya recibir la señal correcta. La pérdida de memoria por daño cerebral no prueba ya que la memoria esté almacenada dentro del cerebro. De hecho, la mayor parte de la memoria perdida es temporal: la amnesia que sigue a una conmoción, por ejemplo, es a menudo temporal. Esta recuperación de memoria es muy difícil de explicar en términos de teorías convencionales: si los recuerdos han sido destruidos porque el tejido de memoria ha sido destruido, no deberían regresar de nuevo; y sin embargo a menudo lo hacen.

Los experimentos sobre estimulación eléctrica del cerebro por Wilder Penfield y otros sugieren otro argumento a favor de la localización de la memoria en el interior del cerebro. Penfield estimuló los lóbulos temporales de los cerebros de pacientes epilépticos y encontró que algunos de estos estímulos podían provocar respuestas vívidas que los pacientes interpretaban como recuerdos de cosas que habían hecho en el pasado. Penfield supuso que, de hecho, estaba estimulando recuerdos que estaban almacenados en el córtex. Volviendo de nuevo a la analogía de la TV, si estimulara el circuito de sintonización de tu aparato de TV y saltara a otro canal, esto no probaría que la información estaba almacenada dentro del circuito de sintonización. Es interesante que, en su último libro, The Mistery of the Mind [El Misterio de la Mente], el propio Penfield abandonaba la idea de que los experimentos probaban que la memoria estaba dentro del cerebro. Y llegaba a la conclusión de que la memoria no estaba almacenada en absoluto en el córtex.

Ha habido muchos intentos de localizar trazas de memoria en el interior del cerebro, el más conocido de los cuales fue realizado por Kart Lashley, el gran neurofisiólogo americano. Entrenó ratas para que aprendieran trucos, después cortó pedazos de sus cerebros para determinar si las ratas todavía podían hacer trucos. Para su asombro, encontró que podía retirar más del cincuenta por ciento del cerebro –cualquier 50%– y no había virtualmente ningún efecto en la retención de este aprendizaje. Cuando retiró todo el cerebro, las ratas no podían realizar ya los trucos, así que concluyó que el cerebro era necesario de algún modo a la ejecución de la tarea, lo cual no es precisamente una conclusión muy sorprendente. Lo que fue sorprendente fue cuánto del cerebro podía suprimir sin afectar a la memoria.

Otros investigadores han encontrado resultados similares incluso con invertebrados como el pulpo. Esto condujo a un experimentador a especular con que la memoria estaba tanto en cualquier sitio como en ninguno en particular. El mismo Lashley concluyó que los recuerdos están almacenados de una manera distribuida por todo el cerebro, ya que no pudo encontrar las trazas de memoria que requería la teoría clásica. Su estudiante, Karl Pribram, extendió esta idea con la teoría holográfica del almacenamiento de memoria: la memoria es como una imagen holográfica, almacenada como un patrón de interferencia por todo el cerebro.

Lo que Lashley y Pribram (al menos en alguno de sus escritos) no parecen haber considerado es la posibilidad de que los recuerdos pueden no estar almacenados en el cerebro en absoluto. La idea de que no están almacenados en el interior del cerebro es más consistente con los datos disponibles que con las teorías convencionales o la teoría holográfica.

Han surgido muchas dificultades al tratar de localizar el almacenamiento de memoria en el cerebro; en parte porque el cerebro es mucho más dinámico de lo que previamente se pensaba. Si el cerebro está para servir como almacén de memoria, entonces el sistema de almacenamiento tendría que permanecer estable; sin embargo ahora se sabe que las células nerviosas funcionan mucho más rápidamente de lo que se pensaba previamente. Todas las sustancias químicas en las sinápsis y las estructuras nerviosas y moleculares están funcionando y cambiando todo el tiempo. Con un cerebro muy dinámico, es difícil ver como se almacenan los recuerdos.

Hay también un problema lógico, que varios filósofos han señalado, con las teorías convencionales de almacenamiento de memoria. Todas las teorías convencionales asumen que los recuerdos están de alguna forma codificados y localizados en una memoria almacenada en el cerebro. Cuando son necesarias son recuperadas por un sistema de recuperación. A esto se le llama modelo de codificación, almacenaje y recuperación. No obstante, para que un sistema de recuperación recupere algo, debe saber lo que quiere recuperar; un sistema de recuperación de memoria debe saber lo que la memoria está buscando. Así debe ser posible reconocer el recuerdo que está intentando recuperar. A fin de reconocerlo, el propio sistema de recuperación debe tener algún tipo de memoria. Por lo tanto, el sistema de recuperación debe tener un sistema de sub-recuperación para recuperar sus recuerdos de su almacén. Esto conduce a una regresión infinita. Varios filósofos argumentan que éste es un fallo lógico fatal en cualquier teoría convencional sobre el almacenamiento de memoria. Sin embargo, en general, los teóricos de la memoria no están demasiado interesados en lo que dicen los filósofos, así que no se molestan en replicar a este argumento. Sin embargo, a mí me parece en verdad bastante poderoso.

Al considerar la teoría de la resonancia mórfica de la memoria, podríamos preguntar: si sintonizamos con nuestras propios recuerdos, entonces ¿por qué no sintonizamos también con los de otras personas? Creo que lo hacemos, y toda la base del enfoque que estoy sugiriendo es que hay una memoria colectiva con la que todos nosotros estamos sintonizados, la cual conforma un trasfondo contra el cual se desarrolla nuestra experiencia y contra el cual se desarrollan nuestros recuerdos individuales. Este concepto es muy similar a la noción de memoria colectiva.

Jung pensaba en la memoria inconsciente como una memoria colectiva: la memoria colectiva de la humanidad. Pensaba que la gente estaría más sintonizada con miembros de su propia familia y raza y grupo social y cultural, pero que no obstante habría una resonancia de fondo de toda la humanidad: una experiencia común o promediada de cosas básicas que toda la gente experimenta (e.g. la conducta materna y varios patrones sociales y estructuras de experiencia y pensamiento). No sería tanto una memoria de personas particulares del pasado como un promedio de las formas básicas de las estructuras de memoria; estos son los arquetipos. La noción de Jung de inconsciente colectivo tiene extremadamente buen sentido en el contexto del enfoque general que estoy avanzando. La teoría de la resonancia mórfica conduce a una reafirmación radical del concepto junguiano de inconsciente colectivo.

Esto necesita ser reafirmado porque el contexto mecanicista corriente de la biología, la medicina y la psicología convencional niega que pueda haber una cosa tal como el inconsciente colectivo El concepto de una memoria colectiva de una raza o una especie ha sido excluido incluso como posibilidad teórica. De acuerdo a la teoría convencional, no puedes tener ninguna herencia de características adquiridas; sólo puedes tener una herencia de mutaciones genéticas. Según las premisas de la biología convencional, no habría modo de que las experiencias y mitos de, por ejemplo, las tribus africanas, tuvieran alguna influencia en los sueños de alguien de descendencia no africana en Suiza; lo cual era el tipo de cosa que Jung pensaba que de hecho ocurría. Desde el punto de vista convencional, esto es bastante imposible, y es la razón por la que la mayoría de biólogos y otros expertos dentro de la corriente dominante de la ciencia no toman en serio la idea de inconsciente colectivo. Se la considera una idea rara y alternativa que puede tener algún valor poético como una especie de metáfora, pero que no tiene ninguna relevancia para la ciencia propiamente dicha, ya que es un concepto completamente insostenible desde el punto de vista de la biología normal.

La aproximación que estoy proponiendo es muy similar a la idea junguiana de inconsciente colectivo. La diferencia principal es que la idea de Jung se aplicaba principalmente a la experiencia humana y a la memoria colectiva humana. Lo que estoy sugiriendo es que un principio muy similar opera en todo el universo, no sólo en los seres humanos. Si el tipo de cambio radical de paradigma del que estoy hablando sigue adelante dentro de la biología –si la hipótesis de resonancia mórfica es siquiera aproximadamente correcta– entonces la idea de Jung de inconsciente colectivo se convertiría en una idea dominante: los campos morfogenéticos y el concepto de inconsciente colectivo cambiarían completamente el contexto de la moderna psicología.

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viernes, 9 de abril de 2010

La realidad- (Tricomático)

La realidad

No voy a negar que me divierte reflexionar sobre la posibilidad de que esto no sea más que un experimento de realidad virtual, que estamos siendo manipulados por un dispositivo que nos hace sentir todo como si de verdad estuviera pasando. Y también es divertido que, de momento (en ciencia siempre conviene esta pequeña cautela), la ciencia no tenga manera de poder comprobar si lo es o no. Pero sinceramente no me lo creo. Por lo tanto, esta va a ser mi apuesta personal a lo largo de esta sección:
Axioma 1: la realidad existe.
Axioma 2: el observador pertenece a la realidad.
Axioma 3: la realidad es independiente del observador.
Hay algo que está fuera del observador y que constituye lo que llamamos la realidad, pero acercarse a ella y, sobre todo, intentar comunicar información sobre la misma requiere el uso de conceptos o perceptos filtrados por algún sistema de conocimiento. Por tanto, aunque la realidad no dependa de la mirada del observador, la definición (utilizo un concepto muy laxo de definición) de la realidad sí está en función de él. De hecho, la propia necesidad de definición forma parte del observador, no de la realidad. Por eso cualquier conocimiento científico proporciona información tanto de la propia realidad como del sistema que se está aproximando a ella.
Un ejemplo paradigmático en muchos sentidos, y por ello recurriré a él a lo largo de la sección (bueno, por eso y porque es mi tema de investigación), es el de la percepción del color. Normalmente los descubrimientos fisiológicos –acerca de la existencia de unidades que dan cuenta de la conducta– preceden a los psicológicos. Sin embargo, Thomas Young, observando la fenomenología de la percepción humana del color, postuló que debían existir tres mecanismos en la retina del ser humano que respondieran diferencialmente a las longitudes de onda. Años más tarde se descubren tres tipos de conos en la retina. El descubrimiento de Young se basa en el análisis del modelo físico del estímulo junto con el hecho de que un observador humano puede conseguir cualquier matiz (ojo, no cualquier color) a partir de la combinación de tres estímulos que cumplan unas determinadas condiciones. Por lo tanto, el estudio de la percepción del color permite acercarnos tanto a ciertas propiedades de la realidad como al funcionamiento del sistema visual. Y creo que esto es así para todo. En última instancia, el lenguaje de la propia ciencia tiene mucho que ver con el funcionamiento de la mente: de otra manera sería incomprensible para el ser humano.
Esto no implica relativismo; es la interacción de lo que existe en el mundo exterior con las propiedades del sistema de conocimiento la que hace que ese percepto surja y no otro.
Voy a ejemplificar un poco este pensamiento. Pero antes me gustaría hacer una pequeña aclaración: también voy a asumir que la percepción del color es la misma para todos. Siempre me ha sorprendido la naturalidad con la que muchos acogen la idea de que puede que lo que uno perciba como rojo otro lo perciba como verde, pero que los dos lo llamen rojo y, por ello, no haya lugar a confusión alguna. Si esto es cierto o no, estamos como al principio, es indemostrable, salvo que podamos algún día realizar un experimento de realidad virtual, en el que manteniendo nuestra propia percepción podamos tener la percepción del otro y compararla. Aunque ahora que lo pienso, tampoco, porque puede que la realidad virtual también actúe de forma diferente en cada cerebro. A lo que iba, no lo podemos saber. Pero no entiendo por qué sólo se aplica al color, ¿por qué no se aplica este mismo razonamiento a los triángulos y los cuadrados, de modo que cuando alguien dice cuadrado ve lo mismo que otro cuando dice triángulo? Y, en último extremo, podría ocurrir lo mismo con los elefantes y las jirafas, que cuando alguien vea una jirafa vea lo mismo que cuando otro ve un elefante. Pero yo tampoco lo creo.
Para que pueda entenderse bien lo que propongo, voy a poner un ejemplo. Como ya he dicho anteriormente, el sistema visual de una persona sin ninguna alteración tiene tres tipos de conos (aunque los últimos descubrimientos parecen demostrar la existencia en algunos sujetos de un cuarto tipo de cono). Esto hace que la gama de colores percibida sea común para todas las personas sin alteraciones cromáticas. Las imágenes que muestro a continuación son reproducciones1 de algunas láminas del test de Isihara para detectar alteraciones en la percepción cromática.


Si no se tiene ninguna alteración en la percepción del color, se percibe2 un 8. Si se tiene algún tipo de dicromatismo (protanope o deuteranope), se percibe un 3. ¿Qué hay, un 8 ó un 3? Si no existiera esta pequeña alteración en el sistema visual de algunos de nuestros congéneres, esta pregunta ni se formularía. Pero esta alteración hace que nos podamos plantear las diferencias en función del sistema de conocimiento que se aproxima a la realidad. Para alguien tricromático no hay mucho problema en comprender cómo puede generarse el 3, sin embargo, es imposible que un dicromático pueda comprender cómo puede percibirse un 8. Pero en el estímulo ideado por Isihara están tanto el 8 como el 3. Para otro tipo de alteraciones cromáticas, lo único que hay en la lámina son puntos distribuidos de una forma más o menos aleatoria.
Todos esos perceptos se derivan de la interacción de diferentes sistemas de conocimiento con la realidad y, por tanto, son todos definiciones válidas de la misma. Sin embargo, es difícil evitar pensar que el dicromático está equivocado, puesto que él no puede ver el 8 y el tricromático puede ver tanto el 8 como el 3. En el fondo, el dicromático tiene un sistema perceptivo que puede considerarse como un subconjunto del sistema de un tricromático. Pero no siempre los perceptos que se generan son un subconjunto. La siguiente lámina genera una incomprensión total por parte de un tricromático.


Un dicromático del tipo protanope o deuteranope percibe un 5, donde un tricromático es incapaz de generarlo.
Pero la verdad es que cuesta trabajo pensar que alguien con un sistema visual al que le falta un tipo de cono pueda generar un percepto de la realidad que sea tan válido como alguien a quien no le falta ningún tipo de cono. Al fin y al cabo es un test diseñado para detectar alteraciones cromáticas y podríamos concluir fácilmente que ahí no hay ningún 5 y que de alguna forma el sistema visual de un dicromático le está “engañando”.
Pero pensad en el siguiente ejemplo. En el libro “La isla de los ciegos al color”, Oliver Sacks nos describe un lugar donde muchos de sus habitantes tienen una alteración genética que les provoca acromatopsia: sólo disponen de los bastones para percibir. Como además éstos son muy sensibles a la luz, la mayoría tiene que vivir en la oscuridad o cubrirse en parte los ojos. Elaboran unas alfombras cuyo dibujo sólo tiene sentido si no se ve en color; cuando se saca a la luz, el patrón desaparece para los tricromáticos. De nuevo la pregunta, ¿qué es lo que de verdad hay en la alfombra, el dibujo que han realizado de forma consciente los que han tejido la alfombra o el que se ve cuando el sistema visual está intacto? En realidad están las dos cosas, y tantas como sistemas perceptivos puedan generar un percepto al observarla. Alguien podría decir que lo que hay no es ni un dibujo ni otro, que lo que hay es un patrón de energía electromagnética, pero de nuevo esto no es más que la forma en la que el hombre científico, utilizando la física, asigna una definición a la realidad.
Y esto me lleva a una pregunta más general, ¿qué posibilidad hay de entendimiento cuando los sistemas de conocimiento son radicalmente diferentes?
Por supuesto, si algún dicromático o monocromático está leyendo este texto, su percepción será completamente distinta, pero, en este caso, espero que le resulte igualmente comprensible.
_______________

Notas

1 La láminas del test pueden haber sufrido alguna alteración en su composición espectral con relación al original.
2 Me refiero sólo a la grafía.
María José Hernández Lloreda | 27 de septiembre de 2007




http://librodenotas.com/elojoqueve/12076/la-realidad

jueves, 1 de abril de 2010

Cartografía de Inteligencia en el cerebro

PASADENA, Calif.-- Neuroscientist Ralph Adolphs, Bren Professor of Psychology and Neuroscience and professor of biology at Caltech, Caltech postdoctoral scholar Jan Gläscher, and their colleagues compiled the maps using detailed magnetic resonance imaging (MRI) and computerized tomography (CT) brain scans of 241 neurological patients recruited from the University of Iowa's extensive brain-lesion registry. PASADENA, California - El neurocientífico Ralph Adolphs, Bren Profesor de Psicología y Neurociencia y profesor de biología en Caltech, Caltech postdoctoral scholar Gläscher Jan y sus colegas compilado el mapa utilizando imágenes detalladas de resonancia magnética (MRI) y tomografía computarizada (TC) del cerebro exploraciones de 241 pacientes neurológicos contratado por la Universidad de Iowa Registro extensa lesión cerebral.
[Credit: Neuron/Caltech] [Crédito: Neurona /] Caltech
All of the patients had some degree of cognitive impairment from events such as strokes, tumor resection, and traumatic brain injury, as assessed by testing using the WAIS. Todos los pacientes tenían algún grado de deterioro cognitivo por sucesos tales como accidentes cerebrovasculares, la resección del tumor, y la lesión cerebral traumática, según la evaluación de las pruebas utilizando el WAIS. The WAIS test is composed of four indices of intelligence, each consisting of several subtests, which together produce a full-scale IQ score. La prueba de WAIS se compone de cuatro índices de la inteligencia, cada uno formado por varios subtests, que en conjunto producen un CI a gran escala. The four indices are the verbal comprehension index, which represents the ability to understand and to produce speech and use language; the perceptual organization index, which involves visual and spatial processing, such as the ability to perceive complex figures; the working memory index, which represents the ability to hold information temporarily in mind (similar to short-term memory); and the processing speed index. Los cuatro índices son el índice de comprensión verbal, lo que representa la capacidad de comprender y producir el habla y el idioma uso; el índice de organización perceptiva, que consiste en el procesamiento visual y espacial, como la capacidad de percibir figuras complejas, el índice de memoria de trabajo, que representa la capacidad de retener información de manera temporal en la mente (similar a la memoria a corto plazo), y el índice de velocidad de procesamiento.
The researchers first transferred the brain scans of all 241 patients to a common reference frame, an approach pioneered by neuroscientist Hanna Damasio of the University of Southern California, a coauthor of the study. Los investigadores primero transfiere las imágenes cerebrales de todos los 241 pacientes a un marco de referencia común, un planteamiento iniciado por el neurocientífico Hanna Damasio, de la Universidad del Sur de California, coautor del estudio. Using a technique called voxel-based symptom-lesion mapping (a voxel is the three-dimensional analog of a pixel, and represents a volume of about 1 cubic millimeter), Adolphs and his colleagues then correlated the location of brain injuries with scores on each of the four WAIS indices. Usando una técnica llamada mapeo de síntoma de lesión voxel-basado (un voxel es el análogo tridimensional de un pixel, y representa un volumen de aproximadamente 1 milímetro cúbico), Adolphs y sus colegas se correlacionó la localización de las lesiones cerebrales con las puntuaciones en cada uno de los cuatro índices WAIS.
"The first question we asked was if there are any parts of the brain that are critically important for these indices or if they are very distributed, with intelligence processed globally in a way that can't be mapped," Adolphs says. "Lo primero que preguntó fue que si hay alguna parte del cerebro que son críticamente importantes para estos índices o si se distribuyen, mantienen la información ya tratada en su conjunto de manera que no se puede asignar", dice Adolphs. With the exception of processing speed, which appears scattered throughout the brain, the lesion mapping showed that the other three cognitive indices really do depend on specific brain regions. Con la excepción de la velocidad de procesamiento, que aparece dispersa por todo el cerebro, el mapeo de la lesión mostró que los otros tres índices cognitivos realmente dependen de regiones específicas del cerebro.
For example, lesions in the left frontal cortex were associated with lower scores on the verbal comprehension index; lesions in the left frontal and parietal cortex (located behind the frontal lobe) were associated with lower scores on the working memory index; and lesions in the right parietal cortex were associated with lower scores on the perceptual organization index. Por ejemplo, las lesiones en la corteza frontal izquierda se asociaron con bajas puntuaciones en el índice de comprensión verbal; lesiones en la corteza frontal izquierda y parietal (localizada detrás del lóbulo frontal) fueron asociadas con bajas puntuaciones en el índice de memoria de trabajo, y lesiones en el la corteza parietal derecha se asociaron con bajas puntuaciones en el índice de organización perceptiva.
Somewhat surprisingly, the study revealed a large amount of overlap in the brain regions responsible for verbal comprehension and working memory, which suggests that these two now-separate measures of cognitive ability may actually represent the same type of intelligence, at least as assessed using the WAIS. Sorprendentemente, el estudio reveló una gran cantidad de solapamiento en las regiones cerebrales responsables de la comprensión verbal y memoria de trabajo, lo que sugiere que estas dos medidas, ahora separada de la capacidad cognitiva puede representar realmente el mismo tipo de inteligencia, al menos en lo evaluó mediante la WAIS.
The details about the structure of intelligence provided by the study could be useful in future revisions of the WAIS test so that its various subtests are grouped on the basis of neuroanatomical similarity rather than on behavior, as is the case now. Los detalles sobre la estructura de inteligencia proporcionada por el estudio podrían ser útiles en futuras revisiones del test WAIS para que sus subpruebas se agrupan sobre la base neuroanatómica de similitud en lugar de en el comportamiento, como es el caso ahora.
In addition, the brain maps produced by the study could be used as a diagnostic aid. Además, los mapas del cerebro producida por el estudio podría ser utilizado como una ayuda diagnóstica. Clinicians could combine the maps with their patients' Wechsler test results to help localize likely areas of brain damage. Los médicos podrían combinar los mapas con los resultados de sus pacientes pruebas de Wechsler para ayudar a localizar los sitios probables de daño cerebral. "It wouldn't be sufficient to be diagnostic, but it would provide information that clinicians could definitely use about what parts of the brain are dysfunctional," Adolphs says. "No sería suficiente para el diagnóstico sino de obtener información que los médicos podrían utilizar definitivamente sobre qué partes del cerebro son disfuncionales", dice Adolphs.
The converse--using brain-scan results to predict the IQ of patients as measured by the Weschler test--may also be possible. Lo contrario - el uso del cerebro-los resultados del análisis para predecir el coeficiente intelectual de los pacientes, medido por la prueba de Weschler - También puede ser posible. Although the results wouldn't be as clear-cut as they are in patients with brain lesions, Adolphs says, "you could take a large sample of healthy brains and measure the relative volumes of specific brain areas and draw some associations with these IQ factors." Aunque los resultados no serían tan claros como lo son en los pacientes con lesiones cerebrales, Adolphs dice, "usted podría tomar una muestra grande de cerebros sanos y medir los volúmenes relativos de áreas específicas del cerebro y sacar algunas asociaciones con estos factores de IQ . "
The paper, "Lesion Mapping of Cognitive Abilities Linked to Intelligence," appears in the March 12 issue of Neuron. El papel, "Cartografía de la lesión de Habilidades Cognitivas ligado a la inteligencia", aparece en el 12 de marzo de la revista Neuron. The work was supported in part by the Akademie der Naturforscher Leopoldina, the National Institutes of Health, and the Gordon and Betty Moore Foundation. El trabajo fue apoyado en parte por la Akademie der Leopoldina Naturforscher, los Institutos Nacionales de Salud, y Gordon y Betty Moore Foundation.
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