La realidad
No voy a negar que me divierte reflexionar sobre la posibilidad de que esto no sea más que un experimento de realidad virtual, que estamos siendo manipulados por un dispositivo que nos hace sentir todo como si de verdad estuviera pasando. Y también es divertido que, de momento (en ciencia siempre conviene esta pequeña cautela), la ciencia no tenga manera de poder comprobar si lo es o no. Pero sinceramente no me lo creo. Por lo tanto, esta va a ser mi apuesta personal a lo largo de esta sección:Axioma 1: la realidad existe.
Axioma 2: el observador pertenece a la realidad.
Axioma 3: la realidad es independiente del observador.
Hay algo que está fuera del observador y que constituye lo que llamamos la realidad, pero acercarse a ella y, sobre todo, intentar comunicar información sobre la misma requiere el uso de conceptos o perceptos filtrados por algún sistema de conocimiento. Por tanto, aunque la realidad no dependa de la mirada del observador, la definición (utilizo un concepto muy laxo de definición) de la realidad sí está en función de él. De hecho, la propia necesidad de definición forma parte del observador, no de la realidad. Por eso cualquier conocimiento científico proporciona información tanto de la propia realidad como del sistema que se está aproximando a ella.
Un ejemplo paradigmático en muchos sentidos, y por ello recurriré a él a lo largo de la sección (bueno, por eso y porque es mi tema de investigación), es el de la percepción del color. Normalmente los descubrimientos fisiológicos –acerca de la existencia de unidades que dan cuenta de la conducta– preceden a los psicológicos. Sin embargo, Thomas Young, observando la fenomenología de la percepción humana del color, postuló que debían existir tres mecanismos en la retina del ser humano que respondieran diferencialmente a las longitudes de onda. Años más tarde se descubren tres tipos de conos en la retina. El descubrimiento de Young se basa en el análisis del modelo físico del estímulo junto con el hecho de que un observador humano puede conseguir cualquier matiz (ojo, no cualquier color) a partir de la combinación de tres estímulos que cumplan unas determinadas condiciones. Por lo tanto, el estudio de la percepción del color permite acercarnos tanto a ciertas propiedades de la realidad como al funcionamiento del sistema visual. Y creo que esto es así para todo. En última instancia, el lenguaje de la propia ciencia tiene mucho que ver con el funcionamiento de la mente: de otra manera sería incomprensible para el ser humano.
Esto no implica relativismo; es la interacción de lo que existe en el mundo exterior con las propiedades del sistema de conocimiento la que hace que ese percepto surja y no otro.
Voy a ejemplificar un poco este pensamiento. Pero antes me gustaría hacer una pequeña aclaración: también voy a asumir que la percepción del color es la misma para todos. Siempre me ha sorprendido la naturalidad con la que muchos acogen la idea de que puede que lo que uno perciba como rojo otro lo perciba como verde, pero que los dos lo llamen rojo y, por ello, no haya lugar a confusión alguna. Si esto es cierto o no, estamos como al principio, es indemostrable, salvo que podamos algún día realizar un experimento de realidad virtual, en el que manteniendo nuestra propia percepción podamos tener la percepción del otro y compararla. Aunque ahora que lo pienso, tampoco, porque puede que la realidad virtual también actúe de forma diferente en cada cerebro. A lo que iba, no lo podemos saber. Pero no entiendo por qué sólo se aplica al color, ¿por qué no se aplica este mismo razonamiento a los triángulos y los cuadrados, de modo que cuando alguien dice cuadrado ve lo mismo que otro cuando dice triángulo? Y, en último extremo, podría ocurrir lo mismo con los elefantes y las jirafas, que cuando alguien vea una jirafa vea lo mismo que cuando otro ve un elefante. Pero yo tampoco lo creo.
Para que pueda entenderse bien lo que propongo, voy a poner un ejemplo. Como ya he dicho anteriormente, el sistema visual de una persona sin ninguna alteración tiene tres tipos de conos (aunque los últimos descubrimientos parecen demostrar la existencia en algunos sujetos de un cuarto tipo de cono). Esto hace que la gama de colores percibida sea común para todas las personas sin alteraciones cromáticas. Las imágenes que muestro a continuación son reproducciones1 de algunas láminas del test de Isihara para detectar alteraciones en la percepción cromática.
Si no se tiene ninguna alteración en la percepción del color, se percibe2 un 8. Si se tiene algún tipo de dicromatismo (protanope o deuteranope), se percibe un 3. ¿Qué hay, un 8 ó un 3? Si no existiera esta pequeña alteración en el sistema visual de algunos de nuestros congéneres, esta pregunta ni se formularía. Pero esta alteración hace que nos podamos plantear las diferencias en función del sistema de conocimiento que se aproxima a la realidad. Para alguien tricromático no hay mucho problema en comprender cómo puede generarse el 3, sin embargo, es imposible que un dicromático pueda comprender cómo puede percibirse un 8. Pero en el estímulo ideado por Isihara están tanto el 8 como el 3. Para otro tipo de alteraciones cromáticas, lo único que hay en la lámina son puntos distribuidos de una forma más o menos aleatoria.
Todos esos perceptos se derivan de la interacción de diferentes sistemas de conocimiento con la realidad y, por tanto, son todos definiciones válidas de la misma. Sin embargo, es difícil evitar pensar que el dicromático está equivocado, puesto que él no puede ver el 8 y el tricromático puede ver tanto el 8 como el 3. En el fondo, el dicromático tiene un sistema perceptivo que puede considerarse como un subconjunto del sistema de un tricromático. Pero no siempre los perceptos que se generan son un subconjunto. La siguiente lámina genera una incomprensión total por parte de un tricromático.
Pero la verdad es que cuesta trabajo pensar que alguien con un sistema visual al que le falta un tipo de cono pueda generar un percepto de la realidad que sea tan válido como alguien a quien no le falta ningún tipo de cono. Al fin y al cabo es un test diseñado para detectar alteraciones cromáticas y podríamos concluir fácilmente que ahí no hay ningún 5 y que de alguna forma el sistema visual de un dicromático le está “engañando”.
Pero pensad en el siguiente ejemplo. En el libro “La isla de los ciegos al color”, Oliver Sacks nos describe un lugar donde muchos de sus habitantes tienen una alteración genética que les provoca acromatopsia: sólo disponen de los bastones para percibir. Como además éstos son muy sensibles a la luz, la mayoría tiene que vivir en la oscuridad o cubrirse en parte los ojos. Elaboran unas alfombras cuyo dibujo sólo tiene sentido si no se ve en color; cuando se saca a la luz, el patrón desaparece para los tricromáticos. De nuevo la pregunta, ¿qué es lo que de verdad hay en la alfombra, el dibujo que han realizado de forma consciente los que han tejido la alfombra o el que se ve cuando el sistema visual está intacto? En realidad están las dos cosas, y tantas como sistemas perceptivos puedan generar un percepto al observarla. Alguien podría decir que lo que hay no es ni un dibujo ni otro, que lo que hay es un patrón de energía electromagnética, pero de nuevo esto no es más que la forma en la que el hombre científico, utilizando la física, asigna una definición a la realidad.
Y esto me lleva a una pregunta más general, ¿qué posibilidad hay de entendimiento cuando los sistemas de conocimiento son radicalmente diferentes?
Por supuesto, si algún dicromático o monocromático está leyendo este texto, su percepción será completamente distinta, pero, en este caso, espero que le resulte igualmente comprensible.
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Notas
1 La láminas del test pueden haber sufrido alguna alteración en su composición espectral con relación al original.
2 Me refiero sólo a la grafía.
María José Hernández Lloreda | 27 de septiembre de 2007
http://librodenotas.com/elojoqueve/12076/la-realidad

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